Desde Chile, escribo sobre gestión empresarial, asuntos corporativos, crisis  y reputación

Dejemos que Instituciones, Inversiones y Empresariado funcionen

Dejemos que Instituciones, Inversiones y Empresariado funcionen

Construir confianza, construir las medidas adecuadas, contribuir a un mejor ambiente para los que están, como para los que quieren estar, es hoy un imperativo. Si bien suena como algo lógico, en la realidad no lo es.

En concreto, estos últimos años las cosas han ido -con mayor o menor notoriedad- en la dirección contraria: tiempos marcados por la desconfianza y desencuentros, con voces disidentes y donde muchos buscan un protagonismo corto y, a veces, poco afortunado para los intereses del país.

Este mismo contexto, estas divisiones y cuestionamientos, nos han llevado a un escenario aún peor: el de las malas expectativas. Mismas malas expectativas que pueden transformarse en una profecía autocumplida, es decir, que producto de las malas percepciones generadas, se empiecen a tomar decisiones erradas o éstas simplemente se posterguen y/o suspendan, generando que el país entre en un ciclo económico, político y social lento, torpe, chato y circular.

Lo dicho esta semana por un ex Presidente marcó un punto de inflexión, del cual resulta urgente que nos demos por aludidos. Más aún si miramos el escenario para los próximos meses, que estarán marcados por un menor crecimiento económico y la presencia de elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. Los últimos tiempos de pasiones fuertes –como lo pueden ser los electorales- que en un escenario económico complejo resultan una combinación demasiado arriesgada.

En todo este marco, el reciente llamado desde el gobierno a que los empresarios dejen de “lloriquear” resulta, por decirlo de manera suave, poco afortunado. Por otro lado, los comentarios de una conocida agencia de noticias de negocios señalando que los empresarios chilenos son exagerados y propensos a ver el socialismo en todas las esquinas, tampoco ayuda mucho.

Por ello, una nueva ofensiva comunicacional del gobierno buscando acercar posiciones con los empresarios y revertir las percepciones negativas, ya es un buen paso. Sin embargo, debe ser constante y con foco en los resultados. Mismo foco que se traducirá en un mejor clima laboral, económico, político y social, tanto a nivel interno como externo. Mismo clima que debe y merece ser cuidado. Sobre todo en un país con una reputación de estable, serio. Apoyado por instituciones que funcionan, con un marco regulatorio claro y un empresariado activo, reputado y empoderado. Todos activos que hemos forjado durante décadas y que pese a una situación económica más restringida, en los últimos años, igualmente ha permitido el ingreso de importantes inversiones en sectores como el retail, financiero o de transportes. Lo anterior, situación difícil de verbalizar por otros países en el contexto latinoamericano, en los que las nacionalizaciones y cambios en las reglas de juego son una constante.

En estos tiempos de crisis de confianza, muchos se voltean hacia la comunicación y la gestión de la reputación, sin embargo hay que tener claridad que son estrategias y herramientas que no solucionarán todo, pero sí tendrán un protagonismo relevante para avanzar en acercar posiciones, en tender puentes, generar un diálogo y, por cierto, en el manejo responsable de las expectativas.

Está más que claro que de una vez por todas tenemos que terminar con el escepticismo-pesimismo, malas expectativas y no quedarnos estancados en la pelea corta.

No dejemos que la duda y la desconfianza se esparzan de modo incontenible sobre instituciones públicas, privadas, autoridades, empresas y grupos empresariales y que nuestra reputación se vea afectada. A la larga, esto tendrá un impacto implacable sobre el devenir de nuestro país. Que algo así no pase, depende de todos y cada uno. Sin excepción.

Columna original publicada en El Líbero el 01/08/2016

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